Análisis sistémico del Sistema de Libre mercado

El sistema de libre mercado, tal como lo conocemos hoy, es un sistema (a mi parecer) de los más perfectos que existen.

Más allá de distintas concepciones (si es realmente libre, por ejemplo), este modelo sistémico establece relaciones fuertes y bien definidas y se ha probado, a lo largo de los años, muy fuerte y resistente.

Lo que más me sorprende del Sistema de Libre Mercado es su capacidad de cambio y adaptación. Como estudioso y constructor de sistemas, valoro dichas capacidades y las considero entre las más difíciles de conseguir. Esto lo vemos todos los días. El mundo ha cambiado constante y vertiginosamente a lo largo de los años y este sistema se ha mantenido en pie. Vemos todos los días nuevos desafíos, nuevas crisis, nuevas economías surgiendo, y el sistema se adapta a ellas sin ningún tipo de problema.

Como es bien sabido, este sistema es analizado, modificado y probado por las ciencias económicas. Existe, en esta rama, una frase muy conocida, que dice algo así como:

“La economía ha fallado, mientras exista al menos una persona en condición de pobreza”.

Es una frase muy real y a la que adhiero ciento por ciento. Analizándola: de qué sirve tener un sistema tan perfecto, miles de personas analizándolo y estudiándolo, miles de millones participando en él, si en algún momento alguien está sufriendo para conseguir bienes básicos de supervivencia. Para eso podríamos habernos quedado en la edad de piedra, donde cada uno podría cazar y recolectar para (sobre)vivir.

Existe entonces, una cierta contradicción. Por un lado comencé a escribir, diciendo que el sistema de libre mercado en el cual todos participamos es un Sistema casi perfecto, con capacidad de cambio y adaptación. Pero por otro lado, como todos sabemos, existe no sólo un pobre, sino miles de millones al rededor del mundo. ¿Cuál es la falla entonces? Esa es la pregunta que trataré de contestar.

Un Sistema está compuesto por diferentes “partes” las cuales se relacionan, y a raíz de ciertas entradas, producen en base a distintas reglas y procedimientos, salidas. Un termotanque, por ejemplo, tiene como entrada agua fría y gas, y a través de sus partes (un contenedor de agua, un mechero, etc) produce agua caliente. Dicho esto, a mi parecer, la principal falla del Sistema de Libre Mercado está en una de sus partes. Esa parte, a saber, somos nosotros. Los seres humanos, las personas que participamos en él. Si bien este Sistema es demasiado complejo (el solo pensar en todas las entradas y salidas podría demandarnos meses) podemos inducir cuestiones básicas y fundamentales. Una de ellas es que nosotros somos una parte fundamental del sistema, también que las materias primas y elementos de nuestro planeta son las entradas más relevantes.

El problema entonces, no es el sistema, somos nosotros. El problema no es que la economía actual permita a una persona enriquecerse y tener una calidad de vida superior a lo que se podría imaginar cualquier ser humano. Este sistema nos ha permitido tener avances en cuestiones naturales y fundamentales para la vida humana que jamás se pensó podríamos tener. Las comunicaciones, el transporte, la salud, la calidad de ocio, por citar solo algunas. El verdadero problema somos nosotros. El problema radica en que una persona pueda llegar a acopiar cincuenta mil millones de dólares a lo largo de su vida (sí, U$S 50.000 millones) sin pensar siquiera para qué necesita gastarlos, ni que existe gente muriendo en la pobreza extrema, sin poder siquiera acceder a agua corriente.

Estimado lector. Seguramente usted cuenta con un teléfono celular. Tomelo ahora entre sus manos. En la Argentina, un teléfono celular promedio cuesta entre 20 y 100 dólares mientras que el sueldo básico ronda los 700 dólares. ¿Cómo llegó ese aparato a tener un precio tan bajo? La respuesta es, nuevamente, gracias a la falla en el sistema. Gracias a la codicia humana inherente, y grabada a fuego en nuestros genes. Ese teléfono tiene ese precio, porque muy probablemente el metal fue extraído de una mina en el África, donde un africano está trabajando bajo pésimas condiciones, por menos de 5 dólares al día, y donde probablemente esté también trabajando su hijo y su mujer. Tiene ese precio porque seguramente la planta en donde es ensamblado esclaviza a sus trabajadores, generando condiciones infrahumanas para el trabajo. También contribuye que algún país asiático con pocos escrúpulos haya robado y copiado la investigación de científicos que dedican su vida a ello, obviando cualquier tipo de patente o impuesto. Ni hablar de las plantas que contaminan el ambiente, la naturaleza y a nosotros mismos para gastar céntimos de dólar menos y generar ganancias mayores. Este fenómeno recibe el nombre de “Externalización de Costos”. Es simplemente, una manera de trasladar los costos REALES de un producto hacia otros personas que no sean el consumidor (el que paga con dinero). O sea, el africano explotado para conseguir el metal para nuestro teléfono celular también está pagando por nostros, al igual que los asiáticos que lo ensamblan en las peores condiciones laborales, incluso nuestros hijos y nietos los cuales verán un planeta destruido a causa de nuestra pésima responsabilidad ambiental.

La intención de este escrito es establecer un punto de vista, en el cual dejemos de discutir por sistemas, economías, modelos, etc. Y empecemos a discutir valores humanos. En vez de tratar de dilucidar si es mejor el capitalismo o el comunismo, tratemos de entender por qué existe tanta codicia, tanta maldad, crueldad y alienación. Dónde quedó la empatía, el amor, la solidaridad, y todas esas cosas que nos hacen Seres Humanos. ¿Qué nos diferencia de los animales sino es eso? ¿La capacidad de pensar y de razónar? ¿La capacidad de construir cosas inimaginables? ¿Para qué, cuál es el fin? Si sigue habiendo gente que muere en la pobreza, que sufre día a día para tratar de alimentarse, o vivir. ¿Qué sentido tiene viajar a 700kms por hora en una máquina voladora si no podemos evitar que un niño se muera de hambre?

Empecemos a pensar que la solución, está en la base, en lo fundamental. Lo que Dios y nuestra conciencia nos ha dado. No depende de un sistema, depende de nosotros.